El poder del Evangelio

II domingo de Cuaresma.

Queridos hermanos en Cristo:

La segunda lectura de este segundo domingo de Cuaresma tomada de la carta a los Romanos es un recordatorio del poder del Evangelio. “¿Si Dios está con nosotros, quien contra nosotros?, pregunta san Pablo. En ese mismo capítulo 8 de la epístola, se preguntará retóricamente: “¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo?”. Y en el versículo 28 nos ofrece las siguientes palabras de aliento: “Sabemos que todo es para el bien de los que aman a Dios.”

Los cristianos debemos tener conciencia del poder del Evangelio para transformar la realidad, para transformar nuestras vidas y actuar en consecuencia. El poder del Evangelio no se apoya en armas, sino en la verdad y la belleza de su mensaje y en última instancia, como nos recuerda san Pablo en la segunda lectura, en Dios mismo. El poder de Dios no hace ostentación, no atropella a nadie, se manifiesta en el servicio, la auto-donación, la humildad.

Hay una anécdota famosa según la cual Stalin una vez preguntó: “¿Cuántas divisiones tiene el Papa?” Por supuesto que no tiene ninguna. No las necesita. La Iglesia no necesita el poder temporal porque posee el poder del Evangelio que la sostiene. A través de su rica historia, ha sido más fiel a ella misma y ha brillado con mayor intensidad cuando, sin cálculos humanos o consideraciones políticas, proclamó con audacia a Cristo crucificado, enseñando a tiempo y a destiempo lo que el Señor nos enseñó, ofreciéndose ella misma en el servicio humilde a la humanidad para llevarla a un encuentro con el Dios vivo.

Muchos cristianos en la antigua Roma encontraron el martirio porque tomaron en serio las palabras de san Pablo. Si realmente creemos que nada puede separarnos del amor de Cristo, entonces, como los destinatarios de la carta de san Pablo, la antigua comunidad cristiana de Roma, no tendremos miedo de vivir el Evangelio en nuestra vida diaria, aún si ella significara arriesgar nuestra vida. En efecto, ¡ni siquiera la muerte puede separarnos del amor de Cristo! Por lo tanto, tenemos que esforzarnos en crecer en el amor que nos salva y que salva a otros. Lo hacemos por nuestras acciones, nuestra vida coherente con el Evangelio, todos los días, cada día.

En nuestros tiempos también hay muchos cristianos sufren todo tipo de persecución y burla porque se esfuerzan por ser fieles al Evangelio. Algunos sufren en sus carreras, otros experimentan la hostilidad del mundo, algunos son censurados, a otros se los atropella, algunos son torturados y, sí, otros son asesinados.

Recientemente leí un artículo sobre Hans y Sophie Scholl. Eran dos hermanos que estudiaban en la Universidad de Munich que fueron ejecutados el 22 de febrero de 1943 por su oposición no violenta al régimen nazi. Esta semana se cumplieron exactamente 75 años. Hans estudiaba medicina y Sophie estudiaba biología Junto a otros estudiantes y algunos profesores fundaron una organización que se denominaba “La rosa blanca”. Su objetivo era promover la resistencia no violenta a los nazis y concientizar sobre la tragedia de la guerra. Su compromiso y el de los otros miembros nacía de su bautismo. Aunque los hermanos Scholl eran protestantes, muchos miembros de “La rosa blanca” eran católicos. La mayoría corrió con la misma suerte. Fueron arrestados, juzgados sumariamente y condenados a muerte.

Me impresionó mucho la historia de estos hermanos y sus compañeros de estudio. Me inspira el hecho que, en las circunstancias más difíciles, con pocas probabilidades de éxito, estos jóvenes alemanes hicieron lo que tenían que hacer como discípulos de Cristo. Proclamaban el Evangelio a tiempo y a destiempo aún a riesgo de sus vidas. Así es, la fuerza que motivaba a los hermanos Scholl y los otros miembros de “La rosa blanca” era el Evangelio, su fe cristiana, no era la ideología ni el ansia de poder, sino el deseo de seguir el mandato de Cristo y promover su Reino de paz, amor, justicia y verdad. En su fidelidad al Evangelio, prestaron un servicio a la humanidad.

Así debe ser en nuestras vidas, nuestra fe debe ser encarnada, debe informar todas y cada una de las dimensiones de nuestra vida. Debe informar y transformar la dimensión más privada y personal, la forma en que tratamos nuestros cuerpos y también la más pública, la forma en que nos conducimos en la sociedad. Cualquiera sea nuestra posición o lugar en el que nos encontramos en la sociedad nuestra fe cristiana tiene que ser el factor determinante, el criterio y la medida con que juzgamos las situaciones que enfrentamos y los diferentes cursos de acción. En última instancia, el único análisis de costo-beneficio que realmente importa es la manera en que nuestras acciones nos llevan a nosotros y a los otros a una mayor comunión con Dios.

El Señor nos guía con su ejemplo. Después de la Transfiguración desciende inmediatamente de la montaña para abrazar su misión. Sabe que no será fácil, pero avanza resueltamente porque su amor prevalecerá.

¡Qué nuestras prácticas cuaresmales fortalezcan nuestra determinación de ser discípulos fieles de Cristo apoyándonos en el poder de su amor para transformar nuestras vidas y el mundo entero!

P. Roberto M. Cid