Éxtasis

Solemnidad de la Santísima Trinidad.

Queridos hermanos en Cristo:

La etimología de una palabra puede ser muy útil para comprender mejor su significado. Por eso los buenos diccionarios generalmente proveen la definición de la palabra y su origen, de donde viene.

La palabra éxtasis viene, como muchas palabras de las lenguas modernas, del griego clásico. Etimológicamente su sentido literal sería hacer que algo esté afuera. Si consideramos el origen de la palabra, inmediatamente nos damos cuenta de que “amor en éxtasis”, en el sentido original haría referencia a un amor tan pero tan intenso que literalmente hace que uno se salga de sí mismo. Por supuesto que esto no tiene nada que ver con la alienación, sino que revela la naturaleza radical de ese amor, que hace que el que ama salga al encuentro del amado, se anonade por el amado. Así es, el amor verdadero no busca poseer, sino dar. De hecho, se trata de darse. Una auto-donación que lleva a una mayor auto-posesión. En ese sentido, la oración de san Francisco de Asís, Hazme un instrumento de tu paz, es sumamente elocuente cuando dice que dando se recibe.

Aunque muchos nos quieran hacer creer que el amor es un sentimiento, sabemos bien que no lo es. Es una disposición interior que busca hacer el bien al amado, incluso llegando al sacrificio personal. El amor verdadero se difunde, es una auto-oblación, es un don total de uno mismo al amado que lejos de aniquilar nuestra personalidad, la afirma porque es amando que se desarrolla, nutre y sana la persona.

El amor verdadero es el mejor antídoto para la alienación porque incluye un movimiento hacia afuera que afirma la propia personalidad. El amor cambia el foco del amante hacia el amado, promueve una afirmación de la persona al evitar una actitud auto-referencial que lo llevaría a mirarse el ombligo.

Así ocurre también con el amor de Dios, que obviamente es perfecto e infinito porque viene de Dios. Su amor es verdaderamente éxtasis, es tan intenso, tan radical, tan apasionado que lo lleva a salirse de sí mismo.

La creación es producto del amor de Dios, quien no carece de nada, es infinitamente perfecto y está contento consigo mismo, sin embargo, crea el universo y todo lo que existe porque es amor. Es su amor en éxtasis que lo lleva a crear todo lo que existe. No es una compulsión, sino precisamente y exclusivamente su amor. Verdaderamente el amor de Dios está en éxtasis en el sentido etimológico de la expresión.

Dado que el primer objeto del amor de Dios es El mismo, el amor que se profesa también está en éxtasis en el sentido etimológico. Este hecho nos permite comenzar a entender la naturaleza del Dios de Jesucristo, el Dios de Israel, que es amor, la naturaleza trinitaria de Dios que se nos invita a contemplar y celebrar con especial intensidad este domingo.

Hay uno y solo un Dios, en quien existe una comunión de personas porque es amor y se ama a sí mismo con amor en éxtasis, amor que se sale de sí mismo.

La auto-revelación de Dios en la Biblia como amor es la intuición más grande y con mayores consecuencias de la religión de Israel. Todo lo demás que Dios nos dice de Él, su Encarnación, el Misterio Pascual, todo lo que nos dice sobre la naturaleza humana y sobre nuestro destino tiene sentido porque Dios se revela como amor. La manera en que interactúa con la creación, su acción en la historia humana está causada por el amor. Dios se preocupa por su pueblo y lo libera de la esclavitud en Egipto. Como a Dios le interesan sus creaturas abraza nuestra humanidad y se hace uno de nosotros.

Ello también nos permite empezar a entender la auto-revelación de Dios Trino. El amor de Dios es éxtasis en tal medida que hace que se salga de sí mismo. Es tan perfecto, tan profundo, tan real que en El hay tres personas, el Padre que ama, el Hijo que es el objeto de ese amor, el amado; y el Espíritu Santo, el vínculo de amor que une al Padre y al Hijo. Hay tres personas en Dios porque es amor.

Por lo tanto, la naturaleza trinitaria de Dios no es solamente un concepto teológico, es una realidad que tiene consecuencias concretas para la vida diaria. En primer lugar, porque no existiríamos si Dios no fuera quien es y no nos hubiera creado, pero también porque la comunión de personas y la naturaleza radical del amor que las une nos revela el significado más profundo de nuestras vidas y del universo, apuntando al amor, amor en éxtasis como la meta de nuestra existencia.

¡Luego, cuando aprendemos a amar como Dios ama, ofreciéndonos por el amado con un don total y radical de uno mismo, no solamente crecemos en comunión con El y entre nosotros, sino que cada vez nos vamos pareciendo más a Aquel que nos amó primero!

P. Roberto M. Cid