Las fuentes de la moral cristiana

IV domingo del tiempo ordinario.

Queridos hermanos en Cristo:

Durante este año litúrgico estamos leyendo el Evangelio según san Mateo. En el tiempo ordinario lo leemos secuencialmente. Casi todos los domingos retomamos la lectura en el pasaje donde habíamos terminado la semana anterior y continuamos leyendo fragmentos en forma sucesiva.

A partir de este IV domingo del tiempo ordinario y durante las próximas semanas que quedan antes del comienzo de Cuaresma, escucharemos el Sermón de la Montaña que se encuentra en los capítulos 5, 6 y 7 del Evangelio según san Mateo. Por supuesto, el comienzo del Sermón de la Montaña, el principio del capítulo 5, las Bienaventuranzas, es el fragmento que se proclama en la Misa de este domingo.

El Sermón de la Montaña ha sido llamado la Carta Magna de la vida cristiana. En él encontramos instrucciones detalladas del Señor sobre la forma en que hemos de vivir nuestras vidas para alcanzar esa felicidad esquiva que todos buscamos y así realizar en nuestras vidas aquello que es nuestra vocación más fundamental, la razón por la que existimos, la comunión con Dios.

Es interesante observar que el Señor no nos ofrece la ilusión de una vida fácil. La última Bienaventuranza que está dirigida directamente a sus discípulos, les anuncia persecución y sufrimiento. En efecto, sus discípulos, quienes traten de vivir según la lógica de las Bienaventuranzas, serán objeto de calumnias, burlas y persecución y, sin embargo, el Señor mismo los proclama bienaventurados. Seguirlo a Él, imitar su vida, aún si desata contra nosotros la ira de los poderes del mundo y el consiguiente sufrimiento que pudieran infligir a sus discípulos, nos llevará en última instancia a la felicidad eterna.

Durante mis años de formación en el seminario, al igual que cualquier otro seminarista del mundo, tuve que tomar varias clases de teología moral, una disciplina que busca comprender la manera en que nuestra fe informa nuestros actos y decisiones morales, ya sea en el campo social, la bioética o la sexualidad humana, desde las cuestiones más públicas que tienen que ver con nuestro rol en la sociedad hasta las decisiones más íntimas que afectan nuestras vidas y la forma en que nos relacionamos con nuestros cuerpos.

El profesor de Moral fundamental en el Seminario St. Vincent de Paul en Boynton Beach en aquel entonces el P. Steven O’Hala, quien es actualmente párroco de St. David en Davie, nos hizo conocer la obra de un gran teólogo moral de nuestro tiempo, el p. Servais Pinckaers O.P., un sacerdote dominico belga que enseñó en Suiza y falleció hace unos años. Escribió un libro muy influyente, ciertamente uno que a mí me pareció muy esclarecedor y que usamos como texto en nuestra clase de Moral fundamental. Se trata de un clásico de la teología moral. El título del libro es “Las fuentes de la moral cristiana”. En él, el P. Pinckaers explica en detalle la importancia del Sermón de la Montaña para nuestra vida cristiana a partir de las intuiciones del comentario de san Agustín sobre el Sermón de la Montaña y los desarrollos teológicos debidos a santo Tomás de Aquino. Recomiendo con gran entusiasmo que aquellos interesados en estos temas de moral lean esa obra maestra que junto a la encíclica Veritatis Splendor de san Juan Pablo II constituyen la base de la renovación de la teología moral.

El p. Pinckaers toma cinco intuiciones del comentario de san Agustín del Sermón de la Montaña que serán objeto de nuestras meditaciones semanales de Cuaresma. Esta año, a diferencia de los años anteriores no tendremos una misión parroquial de Cuaresma, sino que tendremos una hora santa cada miércoles a la tarde precedida de una breve meditación basada en estas cinco intuiciones, a saber: El Sermón de la Montaña es la Carta Magna de la vida Cristiana, el Sermón de la Montaña se interpreta a partir de las Bienaventuranzas, las Bienaventuranzas se relacionan con los dones el Espíritu Santo, las siete peticiones del Padrenuestro se corresponden a las Bienaventuranzas. Haremos esto porque Cuaresma es un tiempo de conversión y el Sermón de la Montaña nos marca el camino que hay que seguir en nuestro esfuerzo por profundizar la comunión con Cristo.

“El Sermón de la Montaña que nos propone san Mateo es un resumen de la enseñanza de Jesús sobre la justicia y los preceptos morales que deben seguir sus discípulos. Tenemos en él una clara catequesis, bien definida, que se ha llamado la Carta Magna de la vida cristiana. Este Sermón es único por su autoridad; tiene la autoridad del mismo Señor expresada claramente: “No he venido a abolir sino a dar cumplimiento… Han oído… pero yo les digo…” Su enseñanza dejó una gran impresión en la gente porque les hablaba con autoridad. Claramente en la mente de la comunidad apostólica esta era la fuente primaria de la enseñanza moral. Debería incluirse en cualquier teología que aspira a ser plenamente fiel al Evangelio.

Hay que observar que el Sermón, como todo el Evangelio está dirigido a todos, comenzando con los pobres y los humildes. San Juan Crisóstomo y san Agustín sabían esto muy bien y se lo decían a todos. No se puede considerar simplemente como un consejo reservado para unos pocos elegidos. La enseñanza es inequívoca: si quieres entrar al Reino de los cielos, debes practicar la “justicia” evangélica. Si haces esto construyes sobre roca, de lo contrario sobre la arena.

El Sermón del Señor es un modelo de enseñanza moral de la iglesia primitiva. Comienza con el don de las Bienaventuranzas, que satisface todas las promesas del Antiguo Testamento. Junto a santo Tomás, podemos verlo como la respuesta de Cristo a la búsqueda de la felicidad. Esta enseñanza profundiza el Decálogo, penetrando hasta su “corazón”, donde se gestan las acciones en las profundidades de la persona y donde se forman las virtudes que van desde la humildad y la mansedumbre hasta el amor a los enemigos.

El estilo del Sermón es típico de una catequesis con oraciones cortas que resumen la doctrina y una composición muy elaborada, fácil de memorizar y transmitir a otros.”

¡Qué el Sermón de la Montaña informe y transforme nuestras vidas para que vivamos las Bienaventuranzas en los asuntos ordinarios de nuestra vida cotidiana!

 

Fr. Roberto M. Cid