En la Eucaristía el Hijo de Dios viene a nuestro encuentro y desea unirse a nosotros; la adoración eucarística no es sino la continuación obvia de la celebración eucarística, la cual es en sí misma el acto más grande de adoración de la Iglesia. Recibir la Eucaristía significa adorar al que recibimos. Precisamente así, y sólo así, nos hacemos una sola cosa con Él y, en cierto modo, pregustamos anticipadamente la belleza de la liturgia celestial.

La adoración fuera de la santa Misa prolonga e intensifica lo acontecido en la misma celebración litúrgica. En efecto, « sólo en la adoración puede madurar una acogida profunda y verdadera. Y precisamente en este acto personal de encuentro con el Señor madura luego también la misión social contenida en la Eucaristía y que quiere romper las barreras no sólo entre el Señor y nosotros, sino también y sobre todo las barreras que nos separan a los unos de los otros ».

La adoración es una gracia, un regalo de la generosidad inagotable de nuestro Dios, que de mil modos quiere atraernos hacia su amor. Él nos infunde el deseo de amarlo por ser quien es, porque es bueno y porque todas sus obras, incluso las que no entendemos o no nos gustan, están selladas por su sabiduría y su compasión.

Adoramos a Jesús en la Sagrada Eucaristía, porque en ella tenemos su presencia más perfecta en esta tierra, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.

Adoramos a Jesús Sacramentado todos los Jueves de 8.30 am a las 8.45 pm en la capilla St. André Bessette en la esquina de Alton Road y Barry Street. Todos están invitados.

Para inscribirte como adorador comprometido a pasar una hora orando en silencio, llama al teléfono 305 298 3740 o envía un correo electrónico a jbanos@whitewater-group.com