XXIII domingo del tiempo ordinario.

Queridos hermanos en Cristo:

Como saben, debido a la llegada del huracán Irma, la iglesia permanecerá cerrada y el señor arzobispo ha concedido una dispensa de la obligación de asistir a la Santa Misa este domingo 10 de septiembre de 2017. La vigilia del sábado y todas las Misas dominicales han sido canceladas.

Este domingo celebraré la Misa privadamente y rezaré especialmente por Uds. y por sus familias, pidiéndole al Señor que nos proteja. También tendré una intención especial por aquellos que se ven afectados por Irma, aquellos que se encuentran en peligro y muy especialmente por aquellos que están lejos de sus familias cuidándonos a nosotros. Estaré pensando en el personal del departamento de bomberos de Miami Beach, los agentes del departamento de policía de Miami Beach, los empleados, directivos y administradores de la ciudad y los médicos, enfermeras y demás trabajadores del hospital Mt. Sinai.

Muchos de Uds. han evacuado Miami Beach siguiendo las órdenes del gobierno del condado y se encuentran fuera de los límites de la Arquidiócesis de Miami o incluso fuera del estado. A todos los que están lejos del sur de la Florida, lo exhorto a asistir a Misa en la parroquia más cercano y rezar especialmente por estas intenciones. A todos los que se encuentran en los condados Miami-Dade y Broward los invito a que se unan conmigo en la oración por esas intenciones.

En la segunda lectura de este vigésimo tercer domingo del tiempo ordinario, escuchamos a san Pablo recordándole a los cristianos de Roma que amar es cumplir perfectamente la ley. Enumera los mandamientos y luego explica que pueden ser resumidos en “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” En efecto, quien se ama a sí mismo respeta su cuerpo, lo reconoce como templo del Espíritu Santo.  El que ama a otro, solo le desea cosas buenas al amado. No solamente no le haría ningún daño, sino que además deseará para el amado el mayor bien al que puede aspirar un ser humano: la comunión con Dios, la santidad. Por eso la corrección fraterna que el Señor enseña en el Evangelio y a través del profeta Ezequiel es un acto de amor. Corregir al que se equivoca y amonestar a los pecadores son obras de misericordia espiritual. Por supuesto que es muy importante que aprendamos del Señor y que aun cuando debamos practicar la corrección fraterna, lo hagamos con cariño, gentileza y ternura en el trato, que no sea simplemente una forma de ventilar nuestra frustración, desilusión o enojo sino buscando verdaderamente el bien del otro.

El paso de Irma por nuestros hogares hará que en los próximos días tengamos muchas oportunidades para vivir la exhortación de san Pablo a los romanos. Es posible incluso que tengamos que hacer alguna corrección fraterna cuando veamos algunos hermanos nuestros comportarse de manera inadecuada.  Que el Señor nos conceda la gracia para ser pacientes en la adversidad y estar dispuestos a ser solidarios con todos, especialmente aquellos que estén sufriendo más que nosotros a causa de este fenómeno natural.

En el Misal romano hay una sección con oraciones por diversas necesidades, incluyendo una oración que hemos estado rezando en las Misas de St. Patrick desde el miércoles pasado, pidiendo que se acabe la tempestad.

“Señor, tu que dominas los cielos y la tierra, escucha nuestra súplica y aleja de nosotros la furia de la tempestad, para que nuestro temor presente se convierta en jubilosa acción de gracias. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.” ¡Amen!

¡Protéjanse! ¡Recemos los unos por los otros! ¡Recemos especialmente por aquellos que están sufriendo, aquellos que están en peligro y todos los que nos cuidan y auxilian!

P. Roberto M. Cid