Solemnidad de la Epifanía del Señor.

Queridos hermanos en Cristo:

Este domingo celebramos la solemnidad de la Epifanía del Señor, el evento que marca la revelación de Cristo a las naciones representadas por los Tres Reyes Magos que vienen del oriente.

Es muy interesante observar que el Evangelio no menciona el número de los magos, que según la tradición son tres, quizás por el hecho que san Mateo narra en su Evangelio que los Reyes le hicieron tres regalos al niño recién nacido, a saber, oro, incienso y mirra. Quienes estudian el Evangelio según san Mateo y las narraciones de la infancia de Cristo, destacan el gran significado simbólico de estos regalos.

En el último libro de su trilogía sobre Jesús, La infancia de Jesús, el Papa Benedicto observa que los Magos se postraron delante del niño recién nacido, un homenaje que es propio de un Dios-rey, y destaca el significado de unos regalos que no parecieran ser muy prácticos. Según el Papa emérito, estos regalos no son los que uno haría a una familia necesitada en el momento del nacimiento, sino que refuerzan el sentido de adoración que exhibe el acto de postrarse delante del niño Jesús. Constituyen un reconocimiento de la dignidad de Aquel a quien se le ofrecen y de alguna manera se relacionan con distintos aspectos del misterio de Cristo.

Hay un villancico del siglo XIX en inglés, We Three Kings (Nosotros, Tres Reyes) que el talentoso coro de nuestra parroquia canta todos los años el día de Epifanía en la Misa de 9:30 y 11:00 AM, que tiene referencias poéticas al significado simbólico de estos regalos que traen los Magos. Dicho sea de paso, nuestros talentosos miembros del coro, también lo cantaron en el excepcional primer concierto de Navidad que se celebró en el New World Symphony Hall en diciembre pasado, un evento organizado para ayudarnos a contemplar el misterio de la Navidad y asistir a los más necesitados recaudando fondos para la sociedad san Vicente de Paul. Un evento que deseo fervientemente se convierta en una tradición de nuestra parroquia.

Muchos conocemos la letra de ese hermoso villancico, especialmente el estribillo: “O star of wonder…” (Oh, estrella del asombro…), pero quisiera concentrarme en las tres estrofas que con belleza poética describen el simbolismo de los regalos. En el arreglo que canta nuestro coro, distintos solistas cantan cada una de las estrofas, para estar a tono con la tradición que fijó en tres el número de los Magos.

La segunda estrofa del villancico dice: “Born a King on Bethlehem’s plain, gold I bring to crown Him again, King forever, ceasing never, over us all to reign.” (Ha nacido un Rey en el llano de Belén, oro le traigo para coronarlo Rey eterno. Nunca dejará de reinar sobre nosotros.)

San Mateo escribió su Evangelio para una audiencia judía, por eso incluye muchos detalles que no serían relevantes para el lector desprevenido pero que son muy importantes para su audiencia. Además, incluye a menudo citas del Antiguo Testamento para mostrar que se han cumplido en Cristo.

El capítulo 60 del libro del profeta Isaías menciona al oro entre los regalos que los gentiles llevarán a la nueva Jerusalén cuando se reúnan en torno al Dios de Israel. Hay que notar que el otro objeto incluido en esa referencia es el incienso, sin embargo, es el metal precioso, como el villancico bellamente declara, el que denota la soberanía del Dios de Israel sobre el universo entero y el reconocimiento de este hecho por todas las naciones representadas por los Magos que vienen del oriente.

Tal como proclama el ángel Gabriel en el momento de la Anunciación a la Santísima Virgen, Aquel que nacerá de ella, Jesús, hereda el trono de David, su padre, y su reino no tendrá fin. Es el Mesías, anunciado por los profetas, concebido por la Virgen Madre y señalado por Juan el Bautista, que ha venido para redimir a todo el género humano, quien gobierna la historia.

El incienso, por su parte, realza otro aspecto de la persona de Cristo, su divinidad.

El villancico describe su significado en estos términos: “Frankincense to offer have I; incense owns a Deity nigh; prayer and praising, voices raising, worshiping God on high.” (Tengo incienso para ofrecer. El incienso es propio de una deidad cercana, oración, alabanza, voces que se elevan para adorar a Dios en lo alto.)

En efecto, este Rey no es un hombre cualquiera, también es Dios, por lo tanto, debe ser adorado como corresponde a su divinidad.

Lo más asombroso de esto es que este Dios-Rey, no se revela a las naciones haciendo ostentación de poder, sino como un niño vulnerable en un pesebre. El amor incomparable de Dios por la naturaleza humana se manifiesta en su abrazo de nuestra fragilidad para fortalecernos con su poder.

El tercer regalo que le presentan al niño habla precisamente de ello y del misterio Pascual, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, el evento culminante que lleva el plan amoroso de Dios para la creación a su consumación y cumplimiento.

El villancico describe su significado en la cuarta estrofa: “Myrrh is mine, its bitter perfume breathes a life of gathering gloom; sorrowing, sighing, bleeding, dying, sealed in the stone cold tomb.” (La mirra es mía, su amargo perfume exhala una vida acechada por la oscuridad, dolor, suspiros, sangrado, muerte sellada por la fría tumba.)

Si el oro y el incienso son propios de su realeza y divinidad, su ser Dios; la mirra es propiamente nuestra, pertenece a nuestra naturaleza humana frágil y vulnerable oprimida por el yugo del pecado y la muerte. Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, ha asumido nuestra condición humana para liberarnos.

Los regalos que traen los Magos no solamente lo reconocen como el Mesías y Señor de todos, sino que anuncian su Pasión. Ha nacido para morir, pero la muerte será aniquilada por su victoria, porque este niño es verdadero hombre y también verdadero Dios.

Con belleza poética este villancico y, por supuesto, la versión orante de nuestro coro, nos eleva a la contemplación de la persona de Jesús, su realeza, su soberanía sobre el universo entero, su derecho sobre nuestra existencia, las exigencias que nos hace con todo derecho y cuan apropiado es adorarlo siempre porque es Dios. También nos habla de la profundidad y radicalidad de su amor por nosotros puesto de manifiesto cuando asume nuestra naturaleza humana y de manera aún más admirable en la cruz.

Frente al misterio de la Encarnación, el misterio del amor de Dios, su Resurrección de los muertos, la actitud más apropiada es la de estos Tres Reyes Magos, postrarnos en adoración y regalarle a Él toda nuestra vida.

 

P. Roberto M. Cid