Domingo del mar

XV domingo del tiempo ordinario.

Queridos hermanos en Cristo:

Este domingo la Iglesia universal observa el Domingo del mar. Es un día especial para rezar por los marineros, todos los que trabajan en el mar y el Apostolado del mar.

La industria marítima y todo lo que la rodea es un ambiente de trabajo durísimo. Los marineros y tripulantes de los cruceros pasan muchos meses fuera de sus hogares, tienen largas jornadas de trabajo en condiciones difíciles, con salarios magros y pocos o ningún beneficio. Además, no pocas veces pagan precios exorbitantes que les cobran comerciantes inescrupulosos en los lugares que pueden desembarcar. Quienes trabajan en esta industria saben las dificultades y penurias de los     que trabajan a bordo. Quizás hayan ido a un crucero y se habrán dado cuenta del intenso trabajo de los tripulantes que los atendieron durante largas horas, pero tal vez nunca se detuvieron a pensar sobre las condiciones de trabajo y salarios de esas personas en ese buque que Uds. estaban disfrutando. La mayor parte del comercio internacional se hace sobre las espaldas de gente que trabaja duro y pasa muchas horas lejos de sus familias a bordo de buques mercantes. Quizás habremos visto la película “Nido de ratas” que muestra la vida de los estibadores del puerto. Fue protagonizada por Marlon Brando cuando era joven con Karl Malden en el papel de un sacerdote cuya parroquia incluye el puerto.

Una de las fuerzas que trabajan para humanizar este ambiente tan difícil es la Iglesia Católica a través de su Apostolado del mar que comenzó hace casi 100 años en Glasgow, Escocia cuando un grupo de católicos en parroquias costeras que estaban preocupados por el bienestar de los marineros se organizó para visitar los barcos. El Apostolado del mar creció y hoy en día está presente en 261 puertos en 55 países, incluyendo Port Everglades y el puerto de Miami.

El centro Stella Maris en el puerto de Miami fue fundado hace tiempo por el P. José María Paz. Cerró durante la crisis del 2008 y reabrió en el 2013 como una misión de St. Patrick. Está abierto 7 días a la semana para proveer un hogar lejos del hogar para los tripulantes. Está atendido por voluntarios, muchos de ellos parroquianos, que dedican su tiempo y esfuerzo a recibir y acoger a quienes están lejos de casa. Celebramos Misa todos los sábados a las 12:30 PM. Su apoyo y sus oraciones hacen posible esta obra de nuestra parroquia.

Hace unas pocas semanas, el Papa Francisco recibió en audiencia a capellanes y voluntarios del Apostolado del mar que participaron en una conferencia internacional y les dirigió estas palabras:

Con más del noventa por ciento del comercio mundial que transportan barcos de todo tipo, la dependencia de nuestra sociedad de la industria marítima es indiscutible. Sin la gente de mar, la economía mundial se detendría; y sin los pescadores, muchas partes del mundo sufrirían de hambre. Quisiera que mi aprecio y mi aliento llegasen a los marineros y pescadores que encontráis, muchos de los cuales trabajan por largos períodos, a miles de kilómetros de su país y de sus familias.

La vida del marinero o del pescador está marcada no solo por el aislamiento y la lejanía. A veces también está herida por vergonzosas experiencias de abuso e injusticia, por la insidia de los traficantes de personas; por el chantaje del trabajo forzoso. Otras veces, no reciben el salario que se les debe o son abandonados en puertos lejanos. Además de los peligros de la naturaleza ―tormentas y huracanes―, deben hacer frente a los de los hombres, como la piratería o los ataques terroristas. Surcan los océanos y los mares del mundo, desembarcan en puertos donde no siempre son bienvenidos.

Como capellanes y voluntarios de Stella Maris, se os ha encomendado la misión de estar presentes para llevar la Buena Nueva del Señor al heterogéneo mundo marítimo. Vuestras visitas diarias a los barcos hacen posible que conozcáis a la gente del mar en su realidad concreta, a veces serena, a veces inquieta, a veces angustiosa. Entonces, con compasión y discreción, les dais la oportunidad de abrir sus corazones, y esto es lo primero, muy valioso, especialmente para las personas que tienen muy pocas oportunidades de hacerlo. Vuestro servicio a los marineros y pescadores es, sobre todo, escucharlos, escuchar sus preocupaciones materiales y espirituales. «La escucha nos ayuda a encontrar el gesto y la palabra oportuna que nos desinstala de la tranquila condición de espectadores».

La escucha, luego, lleva a la acción. Por lo tanto, os exhorto, así como a todos los capellanes y voluntarios de Stella Maris a redoblar vuestros esfuerzos para abordar los problemas que con demasiada frecuencia son el resultado de la codicia humana. Pienso en la trata de seres humanos, el trabajo forzado y la violación de los derechos humanos y laborales de tantos hombres y mujeres que viven y trabajan en los mares. Con vuestro servicio podéis contribuir a devolver a estas personas el sentido de su dignidad…

Recordemos que «los hombres renovados por el amor de Dios son capaces de cambiar las reglas, la calidad de las relaciones y las estructuras sociales: son personas capaces de llevar paz donde hay conflictos, de construir y cultivar relaciones fraternas donde hay odio, de buscar la justicia donde domina la explotación del hombre por el hombre. Sólo el amor es capaz de transformar de modo radical las relaciones que los seres humanos tienen entre sí»…

El Espíritu Santo, a través de la intercesión de María Estrella del Mar, renueve este servicio pastoral de acuerdo con las necesidades de nuestro tiempo.”

Que nuestra parroquia siga proveyendo un hogar lejos del hogar para la gente de mar apoyando el Apostolado del mar y la misión Stella Maris y así mostremos el rostro amoroso de Cristo y de su Iglesia a los marineros, tripulantes, trabajadores del puerto y también a los funcionarios de agencias gubernamentales y agentes del orden que trabajan en el puerto de Miami.

P. Roberto M. Cid