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Ciencia, arte, verdad y gracia

Solemnidad de la Epifanía del Señor

Queridos hermanos en Cristo:

Este domingo celebramos la solemnidad de la Epifanía, la manifestación del Señor a las naciones. Los Reyes a quienes san Mateo llama “magos de Oriente” llegan al encuentro de Cristo porque combinan su conocimiento de astronomía con los signos de Dios, la razón y la gracia. El conocimiento natural y la gracia sobrenatural los guían. Esta solemnidad nos recuerda entre otras cosas que la fe y la razón van de la mano. Como nos enseñó el papa san Juan Pablo II, son las dos alas que le permiten al hombre elevarse a la contemplación de la verdad que es accesible al intelecto. De hecho, santo Tomás de Aquino decía que la verdad es la adecuación del intelecto a la realidad. La ciencia humana y la gracia nos permiten conocer los misterios insondables del universo y nos llevan al conocimiento de Dios. El mensaje de estos sabios de Oriente es de gran urgencia y actualidad.

Hoy en día muchos piensan, incluyendo algunos cristianos, que hay un divorcio entre fe y razón, que la ciencia y la religión están completamente separadas, o para usar el lenguaje de la época de Jesús que Atenas y Jerusalén no tienen nada en común.

No faltan quienes afirman que la religión es una cuestión prerracional o incluso irracional. También se dice que el conocimiento científico se construye alejado y a veces incluso en oposición a la religión. Se niega el carácter científico del conocimiento de Dios. Todo conocimiento pareciera ser provisional. Se desespera de la posibilidad de la razón humana de conocer la verdad. Paradójicamente, mientras se exalta la razón se la menosprecia pues sería incapaz de llevar a los hombres a la felicidad que se reputa subjetiva e independiente de cualquier criterio de verdad o racionalidad.

Nuestra civilización, tan pródiga en el progreso tecnológico, deslumbrada por los logros de las ciencias naturales que son reales y dignos de elogio, ha olvidado que la ciencia que estudia el ser en cuanto tal, la metafísica, es la base del conocimiento científico, la que lo hace posible. Cuando se olvida ésta, el mismo conocimiento científico y las artes entran en crisis, la ideología disfrazada de ciencia controla la discusión, la razón se oscurece, las pasiones se exacerban y las opiniones se aceptan sin más como si fueran la forma más elevada del conocimiento. Hoy se exalta el valor de la opinión como si fuera el criterio último y definitivo para juzgar la validez del pensamiento racional y la verdad de lo que se afirma.

Es cierto que toda opinión debe ser respetada, pero es igualmente cierto que no todas las opiniones tienen el mismo valor, pues como decía Platón, es la forma más primitiva del conocimiento.

Algunos ejemplos. No faltan hoy quienes, habiendo visitado un sitio de divulgación médica por Internet, se atreven a desafiar el diagnóstico de un profesional que ha pasado años estudiando. Comentaristas televisivos y radiales pontifican y dan cátedra como si dominaran todos los campos del saber. Un film, una novela u obra de teatro hace de una persona un experto, aunque no haya leído nada ni conozca otra cosa que lo que le han presentado en esa obra.

Muchos de Uds. me han preguntado sobre la película “Los dos papas”. Me parece que se trata de un caso que ilustra cabalmente lo que describo. Obviamente, no opino sobre sus cualidades cinematográficas porque no soy crítico de cine. Caería en la misma trampa que intento desenmascarar. Sin embargo, pienso que estoy en condiciones de comentar su argumento. Conozco algo de la vida de la Iglesia y la realidad argentina. Es mi país de origen. Nací en 1965. Tenía 10 años cuando se produjo el golpe de estado de 1976 que derrocó al gobierno de María Estela Martínez de Perón, la primera mujer jefa de estado en toda América y una de las primeras en el mundo. Tengo recuerdos personales de esos días aciagos. Además, he leído varios libros sobre la historia reciente de mi patria que son relevantes para lo que se muestra en la película, entre ellos: La soberbia armada, Soldados de Perón, Disposición final, Ezeiza, La masacre de san Patricio, Fuimos todos, Eran humanos no héroes, Soldados de Massera, Iglesia y dictadura y otros más. También conozco algunas obras del Cardenal Bergoglio, como por ejemplo Pecado y corrupción o el libro entrevista El Jesuita. He estudiado parte de la obra de Benedicto XVI, entre ellos la encíclica Caritas in veritate, que no es un libro como se afirma en la película.

“Los dos papas” es pura ficción. Comienza advirtiendo al espectador que se “inspira en hechos reales”. Sin embargo, la conexión con los hechos es sumamente tenue, pero pretende no serlo. A mi juicio, eso es lo más criticable. Presenta una caricatura estereotipada de ambos papas y de la Iglesia, pero lo hace de manera equívoca, como si fuera un retrato fidedigno. Además, calumnia al Papa Francisco al mostrarlo oportunista y hasta cómplice de la dictadura militar.

Hechos muy dolorosos y complejos de la historia argentina reciente que todavía dividen y enfrentan a la sociedad se presentan con una superficialidad increíble y se utilizan para hacer acusaciones infundadas contra el Papa Francisco como si fueran verdades que, según la película, él mismo habría reconocido. Ni que hablar de la caricatura de Benedicto XVI y algunas imágenes ofensivas de gente que lo insulta gratuitamente por ser alemán y haber nacido antes de 1939, olvidando el sufrimiento de su familia. Su padre perdió el trabajo de policía, precisamente por oponerse al régimen nazi que tomó el poder en 1933.

La ficción, cuando es de buena calidad, ayuda a desarrollar la imaginación, pero no puede ni debe confundirse con la verdad que podemos conocer con esfuerzo, aplicando las capacidades de nuestro intelecto con la ayuda de la gracia.

Lanzarse al conocimiento de la Verdad es una aventura apasionante no exenta de riesgos y dificultades. Requiere esfuerzo personal. Para poder avanzar es necesario tener una buena base metafísica, pasión por la verdad y apertura a la gracia, de lo contario estaremos construyendo un castillo de naipes. El ejemplo de los magos es más que elocuente. El conocimiento humano y la gracia permiten a la creatura ponerse en camino, penetrar los niveles más profundos del universo, encontrarse cara a cara con su Creador; ¡conocer la Verdad y alcanzar la libertad verdadera de los hijos de Dios!

Fr. Roberto M. Cid