3716 Garden Ave. Miami Beach, FL 33140

¡Oración en todas sus formas!

[vc_button title=”English Version” position=” flr” style=” border” href=”https://stpatrickmiamibeach.com/church_new/prayer-in-all-its-forms/” font_color=”#c9c9c9″]

XVII domingo del tiempo ordinario.

Queridos hermanos en Cristo:

Tanto la primera lectura de este domingo como el pasaje del Evangelio según san Lucas que se proclama se refieren a la oración de intercesión y de petición de gracias.

Abraham intercede por Sodoma y Gomorra. En el Evangelio el Señor nos exhorta a la oración de petición, a pedirle gracias al Padre con confianza y audacia.

Estos tipos de oración, pedirle favores al Señor e interceder por otros son bastante frecuentes entre nosotros. Sin embargo, debemos esforzarnos constantemente por profundizar nuestra vida de oración, dedicar más tiempo y mayor calidad a la oración en todas sus formas: petición, intercesión, acción de gracias y adoración.

Nuestra hermosa fe católica es, antes que nada, una relación de amor con el Dios uno y trino que se encarnó por nosotros. Somos cristianos porque hemos encontrado a Jesucristo resucitado y hemos entablado una relación con él, o mejor dicho Él ha entablado una relación con nosotros y nosotros hemos respondido a la invitación.

Esta relación de amor con Dios, como cualquier otra relación debe ser cultivada, de lo contrario se vuelve rutinaria o se marchita y eventualmente muere. Por supuesto que Dios, que es perfecto, no necesita cultivar su relación con nosotros, somos nosotros los que tenemos esa necesidad debido a nuestras limitaciones y fragilidad. El pecado ha dejado su marca en nuestra humanidad oscureciendo nuestro entendimiento, debilitando nuestra voluntad, introduciendo el desorden en nuestros sentimientos, pasiones y emociones.

Cultivamos nuestra relación con Dios a través de la escucha de su palabra y la vida sacramental. En ese sentido, la Iglesia promueve la lectura orante de la Biblia en sus múltiples formas como lectio divina.

En cuanto a los sacramentos, la Misa dominical es la forma más sublime de oración porque cuando participamos en ella rezamos con Cristo, por Cristo y en Cristo. La buena música, el espacio sagrado estéticamente agradable, una buena homilía, la personalidad del ministro son elementos que ayudan, pero en última instancia no son esenciales para nuestra relación con Cristo. Obviamente eso no es una excusa para que las celebraciones no se realicen con unción y devoción, pero nunca hay que perder de vista que la Eucaristía es el centro de la vida de la Iglesia, porque es Jesucristo mismo.

Ir a Misa es rezar con Cristo en Cristo y por Cristo. La Misa es antes que nada un momento de oración intenso en el que encontramos a Dios como no lo encontramos en ningún otro lugar en este mundo. Es importante recordar esto, sobre todo en los tiempos difíciles que vivimos. La Iglesia se ha visto sacudida por escándalos horribles que involucran a cardenales y obispos haciendo que muchos duden de su fe. Los hechos aberrantes de los cristianos o las incoherencias en la fe del que sea, el rostro desagradable del pecado presente en la Iglesia de muchas maneras nunca debe alejarnos de nuestra relación con Cristo, real y sustancialmente presente en la Eucaristía, animando la historia universal hacia su consumación en El. La realidad más profunda en la vida de la Iglesia es Jesucristo, es él quien hace a la Iglesia. Los cristianos que son infieles a sus enseñanzas, especialmente si son obispos y sacerdotes, ensucian de lodo el rostro inmaculado de la Iglesia, pero como decía el poeta nicaragüense, Rubén Darío, una perla o un diamante manchado cubierto de lodo sigue siendo eso.

Justamente, muchos escándalos y anti-testimonios de los cristianos empiezan a gestarse en el momento mismo en que abandonamos la vida de oración. Como les dijo recientemente el Papa Francisco a los católicos alemanes, las dificultades y problemas de la Iglesia no se corrigen con simples cambios estructurales. La Iglesia no es una simple realidad sociológica, sino el pueblo de Dios, la comunidad de los redimidos en Cristo que peregrina hacia su Señor, es un pueblo en marcha que buscar constantemente profundizar su comunión con Jesucristo y crecer en fidelidad a Él. Obviamente, la comunión con Jesus se manifiesta de manera concreta en nuestras vidas por la forma en que actuamos. La oración ayuda a transformar todas las dimensiones de nuestra existencia desde lo más íntimo hasta los más público. Nos hace operadores de paz, constructores de la civilización del amor y la verdad. Para poder alcanzar esos objetivos en nuestras vidas, que son posibles antes que nada por la gracia de Dios que se nos ofrece, es necesario abrir el corazón a esa misma gracia, dejarse transformar por El, su ejemplo, su enseñanza y para ello es indispensable una vida de oración intensa, perseverante y creciente.

Sin oración es imposible avanzar por un camino de conversión. Todos, absolutamente todos estamos necesitados de conversión. Lo que la Iglesia necesita de los cristianos en este momento de la historia es oración en todas sus formas para arrancarle, por así decirlo, al Señor la gracia necesaria para alcanzar la santidad personal y ser lo que El desea que seamos: la luz del mundo y la sal de la tierra.

P. Roberto M. Cid