Escolarización, instrucción y educación

XXI domingo del tiempo ordinario.

Queridos hermanos en Cristo:

El 25 de agosto, el calendario litúrgico de la Iglesia universal celebra las memorias de san Luis, rey de Francia, y san José de Calasanz. Como este año cae un domingo, en vez de estos santos, celebramos el XXI domingo del tiempo ordinario porque la celebración del domingo tiene precedencia sobre las memorias de santos.

San Luis IX reinó en Francia durante el siglo XIII. Se lo recuerda entre otras cosas por su reforma del sistema judicial francés que introdujo la presunción de inocencia en las causas penales, la noción que los acusados son inocentes hasta que se demuestre lo contrario, un principio que ha sido adoptado universalmente para la mayoría de los delitos y que hoy nos parece lógico, pero que en su momento fue una innovación de este monarca católico.

San José de Calasanz era español. Nació a mediados del siglo XVI. Fundó una congregación religiosa, los Padres Escolapios, dedicados a la educación de los niños y jóvenes, especialmente los pobres, esta familia religiosa aún existe y está presente en la Arquidiócesis de Miami en la secundaria Cardinal Gibbons, en el condado Broward.

Calasanz fue un pedagogo y reformador de la enseñanza. El sistema educativo moderno que nosotros conocemos, que ha comenzado las clases la semana que acaba de terminar, se debe en gran parte a sus innovaciones. Fue de los primeros en organizar a los estudiantes según su edad y nivel de aprendizaje para facilitar el proceso de aprendizaje. También fue pionero en la educación de las masas populares, facilitando el acceso de los pobres a las aulas. Su lema era “piedad y letras”.

No ha sido el único santo que a lo largo de la rica historia de la Iglesia consagró su vida a la instrucción de las masas populares. Para los católicos, el desarrollo humano ha sido una preocupación constante. Muchos varones y mujeres movidos por su amor a Cristo entregaron y siguen entregando su vida al servicio del prójimo en tareas educativas.

Existe una diferencia entre educación e instrucción, del mismo modo que existe una diferencia entre sistema escolar y sistema educativo.

La instrucción permite a los estudiantes adquirir conocimiento, mientras que la educación forja su carácter y los ayuda a crecer como personas.

El sistema escolar está compuesto por instituciones académicas que imparten enseñanza, mientras que el sistema educativo incluye a éstas y también a otras instituciones de la sociedad que coadyuvan a la formación del carácter y el crecimiento personal, promoviendo la vida virtuosa de los ciudadanos, indispensable para que pueda florecer la vida en sociedad.

No puede haber un sistema educativo dinámico, ni auténtico progreso allí donde la vida familiar colapsa, no se respeta el derecho, se atropellan los derechos de los otros y se conculcan los derechos humanos más elementales. Educar es mucho más que preparar a una persona para que se incorpore a la fuerza laboral. Educar es ayudar a una persona a que se desarrolle integralmente.

Hoy en día dominan las visiones utilitarias e ideologizadas de la educación a las que solo les importa la instrucción. En vez de abrir la mente de los estudiantes y alentarlos en la búsqueda de la verdad, se los trata como meros consumidores de información y contenidos, engranajes de un sistema productivo que necesita recursos humanos que la escuela debe producir.

Es cierto que la educación es uno de los motores del crecimiento económico de un país.

También es cierto que la educación prepara a las personas para que puedan desenvolverse en el mundo del trabajo y proveer a las necesidades propias y de su familia, pero no menos cierto es que la educación tiene una función civilizadora, socializadora y humanizante. El conocimiento científico nos permite conocer la realidad a un nivel más profundo. Las artes nos permiten apreciar la belleza que es uno de los atributos del ser.

La educación católica, fiel a la misión que la Iglesia recibió de su Señor, busca transmitir conocimiento práctico, especulativo, científico y aprecio por las artes para contribuir al desarrollo humano integral. No se funda en una visión utilitaria del conocimiento que lo reduce a una herramienta para generar ingresos o contribuir al crecimiento del producto bruto interno de un país. Se trata de un programa de auténtico crecimiento humano que incluye, por supuesto, el espíritu y se funda en la visión del hombre que surge del Evangelio, un verdadero humanismo que reconoce la importancia de la actualización de todas las potencias de la persona.

La educación católica debe imitar al Divino Maestro, cuya vida y enseñanzas revelan al hombre su naturaleza, su vocación y su destino trascendente, por eso imparte instrucción de calidad, forma el carácter y hace crecer en la virtud, contribuyendo de esa manera al progreso del Reino de Dios entre nosotros.

P. Roberto M. Cid