Rosario, misión, vida

XXVII domingo del tiempo ordinario.

Queridos hermanos en Cristo:

Octubre es el mes del Santo Rosario. Se nos invita a practicar esta devoción con mayor asiduidad y unción. El año pasado, el Papa Francisco nos pidió que además rezáramos la oración a san Miguel Arcángel y el Memorare.

Este año, el Papa ha designado al mes de Octubre, como mes misionero extraordinario para que todos los cristianos recordemos que la Iglesia es esencialmente misionera. Así lo quiere Jesucristo. En las próximas semanas, reflexionaremos sobre esa misión de la Iglesia y de cada uno de los cristianos.

En los Estados Unidos, octubre es también el mes de Respeto a la Vida, designado por los obispos estadounidenses.

Es indudable, que en el mundo moderno, la vida humana se encuentra amenazada por una verdadera “cultura de descarte” que excluye de la protección de las instituciones del estado a grupos enteros de personas. Se trata a los seres humanos como piezas reemplazables en un sistema económico, no como lo que somos, seres únicos e irrepetibles, irremplazables, creados a imagen y semejanza de Dios.

La eutanasia, el suicidio asistido y el aborto legal son tres manifestaciones trágicas de la grave crisis antropológica en la que nos encontramos.

El mes pasado, en una audiencia con oncólogos italianos, el Papa Francisco les recordaba que “la tecnología no está al servicio del hombre cuando lo reduce a cosa, cuando distingue entre el que todavía es acreedor de cuidados y el que no, porque se le considera solamente una carga ―y a veces un descarte―. La práctica de la eutanasia, que ya es legal en varios estados, solo aparentemente busca alentar la libertad personal; en realidad se basa en una visión utilitaria de la persona, que se vuelve inútil o puede equipararse a un costo, si desde el punto de vista médico no tiene esperanza de mejorar o ya no puede evitar el dolor. Por el contrario, el compromiso de acompañar al paciente y a sus seres queridos en todas las etapas de la enfermedad tratando de aliviar su sufrimiento mediante paliación u ofreciendo un ambiente familiar en los hospicios, que son cada vez más numerosos, contribuye a crear cultura y prácticas más atentas al valor de cada persona.”

Durante una reciente intervención en un congreso a favor de la vida, el Papa Francisco afirmó: “Ningún ser humano puede ser incompatible con la vida, ni por su edad, ni por su salud, ni por la calidad de su existencia. Todo niño que se anuncia en el seno de una mujer es un don que cambia la historia de una familia: de un padre y una madre, de los abuelos y de los hermanos. Y este niño necesita ser acogido, amado y cuidado. ¡Siempre!…

La enseñanza de la Iglesia sobre este punto es clara: la vida humana es sagrada e inviolable y el uso del diagnóstico prenatal con fines selectivos debe ser desalentado, porque es la expresión de una mentalidad eugénica inhumana, que sustrae a las familias la posibilidad de aceptar, abrazar y amar a sus hijos más débiles. A veces escuchamos: “Vosotros los católicos no aceptáis el aborto, es el problema de vuestra fe”. No: es un problema pre-religioso. La fe no tiene nada que ver. Viene después, pero no tiene nada que ver: es un problema humano. Es un problema pre-religioso. No carguemos a la fe con algo que no le pertenece desde el principio. Es un problema humano. Dos frases solamente nos ayudarán a entender esto: dos preguntas. Primera pregunta: ¿es lícito eliminar una vida humana para resolver un problema? Segunda pregunta: ¿es permisible alquilar un sicario para resolver un problema? La respuesta es vuestra. Este es el punto. No buscar en lo religioso algo que concierne a lo humano. No es lícito. Jamás eliminar una vida humana o alquilar a un sicario para resolver un problema.

El aborto nunca es la respuesta que buscan las mujeres y las familias. Más bien, es el miedo a la enfermedad y la soledad lo que hace que los padres vacilen.”

Los cristianos debemos dar testimonio constante y coherente a favor de la vida humana, especialmente en sus estadios más vulnerables, denunciando estructuras de pecado, como el aborto y la eutanasia legales, trabajando con diligencia para cambiar esta realidad tan injusta y trágica. La exhortación del Papa Francisco a los oncólogos italianos es válida para todos nosotros: “No os desaniméis nunca por la incomprensión que podáis encontrar, o ante la insistente propuesta de caminos más radicales y apresurados…  En vuestro compromiso con los enfermos, con el sistema de salud y con toda la sociedad, os invito a tener siempre presente el ejemplo de Jesús, que ha sido el maestro más grande de humanidad, para que vuestros gestos se inspiren en Él y lo hagáis vuestro compañero de camino. Que su figura, cuya contemplación nunca se agota, tan grande es la luz que emana de ella, inspire a los enfermos y les ayude a encontrar la fuerza para no interrumpir los lazos de amor, a ofrecer el sufrimiento por los hermanos, a mantener la amistad con Dios. Que inspire a los médicos ―Él que de alguna manera dijo que era un colega vuestro, como un médico enviado por el Padre para sanar a la humanidad― a buscar siempre el bien de los demás, a entregarse generosamente, a luchar por un mundo más solidario. Que inspire a todos a acercarse a los que sufren. La cercanía, esa actitud tan importante y tan necesaria.

También la puso en práctica el Señor, la cercanía en medio de nosotros. Que inspire a cada uno a acercarse al que sufre, sobre todo a los pequeños, y a poner a los débiles en primer lugar, para que crezcan en una sociedad más humana y establezcan relaciones marcadas por la gratuidad, en lugar de por la oportunidad.”

P. Roberto M. Cid